Soñando despierto

A estas alturas, a pocas horas de las uvas y el vino de manzana, los más arriesgados hicieron ya todas las predicciones políticas para el próximo año. Algunos ya reeligieron a Santos, hicieron la paz, eligieron Congreso y formaron las coaliciones parlamentarias.

A estas alturas, a pocas horas de las uvas y el vino de manzana, los más arriesgados hicieron ya todas las predicciones políticas para el próximo año. Algunos ya reeligieron a Santos, hicieron la paz, eligieron Congreso y formaron las coaliciones parlamentarias.

Mientras que otros presentaron y ya hundieron la reforma a la justicia, reformaron la Procuraduría y hasta destituyeron y restituyeron a Petro.
Eso sin contar que 2014 es un año prácticamente inhábil. Entre las elecciones, la Ley de Garantías y el Mundial de Fútbol, 2014 va a ser uno de los años más cortos de las últimas décadas. Los días hábiles si acaso empezarán a correr hacia mediados de julio. Es decir, no habremos ni empezado a trabajar cuando ya en Tropicana estarán jugando aguinaldos.
Como las predicciones ya están hechas y no hay lugar para incluir nuevas, les dejo aquí, más que predicciones, mis deseos para el año que empieza. Si alguien a la mitad de las uvas se queda en blanco, bien puede echar mano de alguno. No se preocupen, no habrá airadas acusaciones de plagio, ni matoneo en Twitter.

El primero va porque 2014 sea el año en que la sociedad se canse de ver cómo mientras la gente se muere en la puerta de los hospitales y la universidad pública se cae a pedazos, a los intermediarios de la salud les sobra la plata para comprar aviones y hacer campos de golf.
Por un año en que nadie persiga a los que tienen creencias religiosas, pero que quienes las tienen no se crean por encima de la ley, mientras nos siguen repitiendo el casete de “usted sabe quién so yo”. Y en donde ya no se use más a las instituciones del Estado para perseguir a quienes no comulgan con la fe de quienes las dirigen.

Un año en el que vuelva el periodismo de investigación y se despabile la pereza de los medios. Ya no aguantamos más que los medios sean simplemente la caja de resonancia del que quiera gritar más duro. Que los titulares no sean solamente que este trinó aquello, a ver si es que el otro le contesta.

El año en que el periodismo de farándula judicial nos deje descansar de la novela de Colmenares, que ya parece que va en su décima temporada. Y que ojalá no le terminen haciendo novela a la novela que ya la prensa nos ha vendido.

Y para no salir del tema, un año en el que se acaben los refritos y rellenos de las versiones puntocom de los periódicos. En donde sus editores entiendan que quienes navegan en sus páginas también naufragan en internet y tienen acceso a los mismos vídeos y artículos. En donde entiendan que dos semanas después ya todo el mundo ha visto a Van Damme en los camiones o a la niña dándole monedas a la Filarmónica en la calle.

Por el año en que la hipocresía corporativa no nos salga más con el cuento de que las imágenes del conflicto colombiano son muy crudas como para abrirles espacios que perturben al pobre espectador que va a ver tranquilo los desnudos y masacres de Hollywood.

Y el más sentido y sincero. El año en que finalmente se acabe el chiste ese de: “señor, déjanos a Cerati y te regalamos a Arjona”. Para que por fin el ídolo y su familia encuentren la paz que sus seguidores deseamos a quien con su inmenso talento nos ha ayudado a soportar las desdichas de estos años. Incluyendo las del vino de manzana. Feliz año.

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