Sueño por una nueva política contra las drogas

Por: Rodrigo Uprimny Yepesenero 5, 2009

La costumbre es empezar el año expresando algunos deseos y compromisos. Confieso entonces que, desde hace muchos años, uno de mis sueños es que el mundo entre en razón y abandone esa pesadilla, que es la guerra a las drogas.


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La costumbre es empezar el año expresando algunos deseos y compromisos. Confieso entonces que, desde hace muchos años, uno de mis sueños es que el mundo entre en razón y abandone esa pesadilla, que es la guerra a las drogas.

Este año puede ser además una buena oportunidad para impulsar esta aspiración, pues en marzo habrá una reunión de la Comisión de Estupefacientes de la ONU para evaluar los resultados de las metas que fueron adoptados frente a las drogas ilícitas en una “sesión especial de la Asamblea General” en marzo de 1998, conocida como UNGASS (por su sigla en inglés).

Ahora bien, UNGASS 1998, siguiendo las estrategias prohibicionistas duras, señalaba que la meta en los siguientes diez años era “eliminar o reducir significativamente” el mercado de drogas. Es claro que esa política ha fracasado pues, a pesar del incremento de recursos y sanciones para eliminar la oferta de drogas ilícitas, el mercado se encuentra abastecido. Hoy los consumidores consiguen heroína, cocaína o marihuana a precios semejantes e incluso menores a los que estos tenían hace diez años.

Unos pocos datos ilustran ese fracaso: según el Informe Mundial sobre drogas de 2007 de la ONU, entre 1998 y 2006, las erradicaciones de coca aumentaron de 88.000 a 230.000 hectáreas y las incautaciones de cocaína crecieron de 237 toneladas a 416. Sin embargo, en esos mismos años, a pesar de esos éxitos represivos, la producción potencial de cocaína aumentó de 825 a 984 toneladas y el precio al por menor de un gramo en Europa cayó de 113 a 85 dólares. Los mercados de heroína y marihuana tuvieron evoluciones muy semejantes.

Esta política prohibicionista, que ha fracasado en su esfuerzo por controlar la oferta de drogas, ha tenido en cambio un gran éxito en ocasionar sufrimientos enormes a millones de personas. El mercado ilícito de drogas, por su gran rentabilidad, ha alimentado mafias con una terrible capacidad de corrupción y violencia, como lo sabemos todos los colombianos. Pero además, y esa es la extrema paradoja de esas estrategias, la criminalización acentuada ha agravado los problemas de salud pública pues margina a los consumidores. En gran medida, esa marginalidad, más que el uso de la droga en sí misma, es la que provoca los más graves efectos al usuario. Por ejemplo, la ilegalidad lleva al consumidor de heroína a utilizar jeringas usadas, lo cual favorece el contagio de enfermedades graves, como la hepatitis B o el sida.

La guerra a las drogas, que es una política fracasada y que ocasiona sufrimientos enormes, es además una estrategia innecesaria pues en los últimos años se han desarrollado políticas alternativas de “reducción del daño”.

Estas nuevas estrategias no pretenden eliminar totalmente el consumo, objetivo que consideran poco realista, sino reducir los daños que ocasiona tanto el abuso de sustancias sicotrópicas como las propias políticas de control. Sus resultados son prometedores y constituyen la base para una reformulación humanista y democrática de las políticas vigentes, como varios académicos hemos intentando mostrarlo desde hace mucho tiempo.

Mi sueño para este año es entonces que avancemos en esa dirección. O al menos que discutamos con evidencias empíricas el tema. Y en particular que en Colombia, que ha sido uno de los países que más ha sufrido con los errores de las políticas prohibicionistas duras, exista un debate serio sobre la posición que nuestro país debería adoptar en las discusiones del UNGASS… Pero algunos dirán que ya no estoy soñando sino alucinando.

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