Dejusticia-WHITE-with-transparent-background

Tomar en serio a Brasil

César Rodríguez Garavito
octubre 17, 2011

Publicado en: El Espectador

San Pablo. El aire que se respira en Brasil parece soplar en dirección al futuro. En los almacenes, los 20 millones de personas que salieron de pobres en el gobierno de Lula se codean para comprar su primera nevera o lavadora.

 

San Pablo. El aire que se respira en Brasil parece soplar en dirección al futuro. En los almacenes, los 20 millones de personas que salieron de pobres en el gobierno de Lula se codean para comprar su primera nevera o lavadora.

En los aeropuertos son reconocibles los nuevos miembros de la clase media, que vuelan por primera vez y engrosan una capa social que creció 35% en la década anterior. En la prensa, el titular es el esfuerzo del Banco Central por enfriar una economía que creció 7,5% el año pasado, el nivel más alto en 25 años. En las universidades públicas, miles de profesores son contratados para atender el influjo masivo de estudiantes, incluyendo los cientos de miles de alumnos pobres, afrobrasileños o de provincia que se benefician de becas y programas de acción afirmativa.

Entre tanto, Dilma Rousseff supera los buenos gobiernos de sus antecesores. Su administración tiene el acelerador puesto en el crecimiento y promueve la transferencia de tecnología de los inversionistas que hacen fila para instalarse en el país, desde los taiwaneses de Foxconn, que quieren fabricar iPads en el trópico, hasta los petroleros noruegos, que salivan ante las enormes reservas encontradas frente a las costas del Atlántico. Al mismo tiempo, movimientos sociales fuertes presionan por mantener y expandir políticas sociales exitosas, como las de acceso a los medicamentos para los más pobres. Y Río de Janeiro se alista para el Mundial de 2014 y los Olímpicos de 2016.

Mientras todo esto pasa, en Colombia pocos parecen estar tomando nota. Hipnotizados durante años por la suerte del TLC con unos EE.UU. en declive, olvidamos que la B de los BRIC queda apenas cruzando el Amazonas. Mejor dicho: que uno de los nuevos candidatos a imperio es un país vecino.

Estudiar portugués sigue siendo considerado un hobby, antes que una necesidad profesional. Las universidades colombianas tienen intercambios con EE.UU. y Europa, pero muy pocos con Brasil. Apenas un puñado de periodistas y analistas criollos le siguen la pista con juicio al país verdeamarillo.

Por eso, ha pasado casi inadvertida la creciente influencia económica de Brasil en el país, que se suma a su creciente músculo político. Los brasileños tienen hoy cuantiosas inversiones, entre otras, en aerolíneas, minas y proyectos de biocombustibles, y están en la carrera por las tierras de la Orinoquia. Conviene conocer a los nuevos dueños, como lo entendieron los activistas bolivianos al descubrir hace poco que la polémica carretera que iba a cruzar la reserva indígena Tipnis estaba financiada por el banco de desarrollo brasileño.

Puede ser que el ascenso de Brasil se ahogue en la corrupción de su atomizado sistema de partidos, en su infraestructura paupérrima, en su burocracia asfixiante, en las deudas de la nueva clase media o en su persistente desigualdad. Es posible que los brasileños sigan dependiendo de exportar soya, acero o petróleo a los chinos, quienes, entre tanto, pueden despegar en serio. Puede pasar, incluso, que el sueño desarrollista estalle en un desastre ambiental, cuando el carbono liberado por los yacimientos petroleros y la deforestación del Amazonas hagan de Brasil el mayor contaminante del planeta.

Pero también puede ser que Brasil se consolide como nueva potencia y que deje de ser el eterno país del futuro. Si lo logra, sería el primer imperio de gente que lleva casi siempre una sonrisa en los labios. El primero en contrariar la teorías herederas de la clásica de Max Weber sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, según las cuales un pueblo precisa aplazar el goce y dedicarse al frío cálculo económico para convertirse en potencia: los flemáticos ingleses, los parcos alemanes, los trabajólicos gringos.

Brasil sería el primer imperio divertido. Va siendo hora de tomarlo en serio.

Powered by swapps