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Un nobel de economía para cuidar el agua

Valentina Rozo
octubre 17, 2017

Una de las mayores contribuciones que ha hecho Richard H. Thaler, quien recibió el Nobel de economía el pasado 9 de octubre, es la teoría del “nudge” (que aunque no tiene una traducción literal, significa algo así como un “pequeño empujón”), que muestra cómo pequeños empujones pueden llevar a las personas a tomar decisiones distintas a las que normalmente tomarían.

 

El aumento de la población, el modelo de desarrollo económico, la urbanización y la contaminación están llevando a una escasez de agua. Ante la realidad de que aun no somos capaces de crear nuevas fuentes de este líquido ¿qué pueden hacer los hacedores de política pública para que los ciudadanos cuidemos del agua? La respuesta es seguir los consejos del más reciente Nobel de economía y ayudarles a las personas a través de pequeños “empujones” a gastar menos agua, como lo han hecho ya algunos países.

Una de las mayores contribuciones que ha hecho Richard H. Thaler, quien recibió el Nobel de economía el pasado 9 de octubre, es la teoría del “nudge” (que aunque no tiene una traducción literal, significa algo así como un “pequeño empujón”), que muestra cómo pequeños empujones pueden llevar a las personas a tomar decisiones distintas a las que normalmente tomarían. Este tipo de impulsos resultan muy útiles para la política pública, pues permiten a los gobernantes llevar a los ciudadanos a hacer un mejor uso de los recursos sin quitarles su libertad, lo que es clave en temas como el agua.

Costa Rica es un país rico en este recurso que ya se está enfrentando a los primeros cortes de agua: aunque el 99% de los habitantes tiene acceso a acueducto, el 17% no lo tiene de manera constante. Dentro de Costa Rica se encuentra Belén, una pequeña ciudad de 21.633 habitantes con una caracaterística particular: el consumo de agua era 1,25 veces más alta que el promedio nacional. Esto hizo que se previera que toda la ciudad podría tener cortes en menos de dos décadas, lo que le había generado grandes dolores de cabeza a la administración pública ¿cómo llevar a los beleños a consumir menos agua? Los economistas tenían la respuesta.

Para resolver este problema, un grupo de investigadores decidió hacer tres intervenciones con un nudge distinto. A la primera de ellas le llamaron “comparación con el barrio” en el que los hogares recibían un sticker azul con un letrero de felicitación por consumir menos agua que los vecinos o uno amarillo con una serie de recomendaciones para disminuir el consumo en caso de que hubiera sido superior.

The blue sticker congratulates the household, while the yellow one encourages a reduction in water use.

 

El segundo nudge fue “comparación con la ciudad”, que funcionaba igual que el anterior pero hacía la comparación con la ciudad. Es decir, hacía que los hogares no tuvieran que compararse con personas que probablemente conocían al ser vecinas, sino con cualquier otro de los más de 21.000 habitantes.

The green sticker congratulates the household, while the red one encourages a reduction in water use.

El tercer grupo, “hacer un plan”, recibió el consumo medio de la ciudad en el mes anterior junto con el consumo de su casa, para que el hogar se pusiera una propia meta. Lo que buscaba este nudge era una auto-recompensa, en el que los miembros del hogar tuvieran la satisfacción de alcanzar sus objetivos.

Los resultados de esta intervención corroboraron la teoría del nudge: con el “comparación con la ciudad” no hubo ningún cambio, pero el “comparación con el barrio” logró reducir el consumo de agua entre un 3,7% y un 5,6% por hogar, mientras que el “hacer un plan” lo hizo entre un 3,6% y 5,6%.

Esto contradice lo que han enseñado las facultades de economía durante más del último medio siglo: que somos homo economicus. Es decir, que somos seres meramente racionales que lo único que buscamos es maximizar nuestro propio beneficio a través de una serie de derivadas matemáticas. Si fuéramos homo economicus consumiríamos una cantidad de agua determinada, sin importar un sticker en nustra factura. Pero la realidad es que somos irracionales. La literatura ha mostrado que dentro de todos los factores que nos llevan a actuar de alguna u otra manera hay dos que sobresalen: motivos monetarios y motivos sociales. Con esto en mente un grupo de investigadores decidió poner a prueba 9 nudges distintos para ver a cuál respondemos mejor los humanos:

Nudge monetario

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Nudge social

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Investigadores en Ciudad del Cabo utilizaron estos 9 nudges para que los hogares ahorraran agua y encontraron que todas estas intervenciones lograron que se redujera el consumo del agua y lo hicieron entre un 0,57% hasta 1,87% ¡Es decir entre 159 y 467 litros de agua ahorrados al mes! De todos los nudges, el más eficiente fue el de “reconocimiento social”, en el que se les comentaba a las personas que los que más agua ahorraran saldrían en la página web de la ciudad.

El caso de Ciudad del Cabo muestra que a los humanos nos gusta sentirnos admirados por el resto de las personas, pero la verdad es que también somos egoistas. Lo más increíble es que somos tan irracionales, que nuestro egoismo no puede resistirse a un nudge, como en el caso de Bogotá.

En 1997 parte de un tunel que provee agua a Bogotá colapsó y creó una crisis de agua: el 70% de la ciudad se quedaría sin agua de no reducir el consumo. Lo primero que hizo el gobierno fue anunciar la emergencia con la intención de que las personas ahorraran agua. Sin embargo, sucedió todo lo contrario y por el homo economicus que llevamos dentro el consumo de agua aumentó (si se va a acabar el agua, todo el mundo quiere tener litros guardados en su casa para no vivir la crisis). Para enmendar su error, el gobierno utilzo distintos nudges. Primero, entregaron stickers en los hogares, oficinas y colegios para que los pegaran en un lugar cerca de una llave, donde los motivara a ahorrar agua. El gobierno también premió a quienes ahorraban agua con ayuda del gerente del acueducto, quien se dedicó a entregar afiches a quienes tuvieran ahorros excepcionales con una insignia que decía “Aquí seguimos un plan racional para usar el valioso líquido.” Lo increíble de estos nudges es que no solo evitaron una crisis en la ciudad, ¡sino que además redujeron el consumo de agua por años!

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Estos son solo unos ejemplos de cómo los gobiernos pueden usar estrategias muy económicas (en todo sentido) para llevar a los ciudadanos a hacer un mejor uso de los recursos. Nuestro modelo de desarrollo nos ha llevado a explotar recursos como si fueran ilimitados, pensando solo en nuestro propio beneficio y sin tener en cuenta el mundo que le dejaremos a las generaciones futuras. Existen cientos de mecanismos para que como sociedad nos preocupemos más por el medio ambiente, pero las políticas suelen basarse en que somos homo economicus y en que necesitamos cambios en los precios o castigos para cambiar nuestros hábitos.

Estos ejemplos nos han mostrado que ya hay nudges para que en los hogares ahorren agua.  Sin embargo, la realidad es que la mayor parte del consumo del agua no se da en los hogares. Por ejemplo, en Colombia la minería de oro utiliza de 450 a 1.060 litros de agua por gramo. Sería genial que los hacedores de política pública crearan nudges para reducir el consumo del agua también por parte de la industria. Y no solo de agua: de combustibles, madera, minerales y otros cientos de recursos ¿Qué tal si los gobiernos escucharan al nuevo nobel de economía?

 

Foto destacada: Steve Johnson

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