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¿Un nuevo ‘boom’ latinoamericano?

César Rodríguez Garavito
abril 22, 2014

Publicado en: El Espectador

Con García Márquez se fue el último boom latinoamericano.

 

Hablo no sólo del momento literario de Gabo, Vargas Llosa, Fuentes y sus coetáneos, sino de algo más grande y amorfo: la explosión intelectual de los sesenta y setenta, cuando América Latina influyó en las ideas y la cultura globales como no lo ha hecho desde entonces.

Al paso que el boom reverberaba en la literatura universal, el pensamiento social latinoamericano gozaba de su oportunidad sobre la tierra. Cien años de soledad se adelantó sólo en dos a la publicación de Dependencia y desarrollo en América Latina, la obra de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto que hizo por las ciencias sociales lo que García Márquez por la novela: ver el mundo desde la periferia, con un lenguaje propio y sin complejos frente a Europa y Estados Unidos.

Tanto el realismo mágico como la teoría de la dependencia absorbían la tradición europea y estadounidense, desde Proust y Faulkner hasta Marx y Weber. Pero no para replicarla, sino para fundirla en un crisol original que permitiera entender la vida en los trópicos. Como escribió Carlos Fuentes, lo primero que aprendieron los autores de su generación es que “no había centros privilegiados de la cultura, de la raza, de la política”. Por eso se leían entre ellos con tanto interés como a sus pares del norte. Por eso narraron y teorizaron desde México, San Pablo o Macondo con una soltura que no se ve desde entonces.

Pero el desparpajo y la influencia se fueron desvaneciendo. Primero en las ciencias sociales, a medida que los académicos latinoamericanos volvimos a girar como satélites, primero de Europa y luego de Estados Unidos. Comenzando por la economía y siguiendo por la ciencia política, la sociología y un largo etcétera, terminamos siendo caja de resonancia de las ideas acuñadas en Oxford o Boston. De ahí que llevemos casi 50 años sin producir un boom académico de la misma talla.

La explosión literaria corrió mejor suerte. “¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas difíciles de cambio social?”, preguntaba Gabo en su discurso de aceptación del Nobel, mostrando que en materia literaria, América Latina estaba a salvo. Tres décadas después la situación es distinta, como lo dijo en estas páginas el novelista Santiago Gamboa a partir de una encuesta del diario ABC. Entre 25 escritores destacados de lengua española a quienes se pidió una lista de los cinco libros más importantes del siglo XXI, sólo 12 votos (de 125 posibles) fueron para latinoamericanos (Vargas Llosa y Bolaño). Si la encuesta se hiciera entre escritores anglosajones, no habría ni un voto por un autor de lengua española, sospecha Gamboa.

Me atrevo a pensar que el declive tiene algo que ver con las razones de la sequía en las ciencias sociales: la tendencia a replicar el canon, el temor a crear por cuenta propia. Como escribió Juan Gabriel Vásquez en El arte de la distorsión, para influir hay que criticar aquello que nos ha influido; “cada novela genuina, cada novela con vocación de importancia… lleva implícita la crítica de la novela importante que la ha precedido”.

Eso fue lo que logró García Márquez, en su obra y su vida. Eso es lo que están intentando algunos escritores e investigadores notables de toda la región. Esperemos que lo consigan. Porque, como lo advirtió el nobel al recibir el premio, “la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

Consulte la publicación original, aquí.

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