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Uribe se debe quedar

César Rodríguez Garavito
mayo 19, 2009

Publicado en: El Espectador

SE EQUIVOCAN LOS QUE PIENSAN que, ahora que los escándalos del DAS y la parapolítica parecen salpicar al círculo íntimo de la Casa de Nariño, Uribe va a renunciar a la segunda reelección. Todo lo contrario: ahora no hay duda de que Uribe se lanzará, simplemente porque no tiene alternativa.

 

SE EQUIVOCAN LOS QUE PIENSAN que, ahora que los escándalos del DAS y la parapolítica parecen salpicar al círculo íntimo de la Casa de Nariño, Uribe va a renunciar a la segunda reelección. Todo lo contrario: ahora no hay duda de que Uribe se lanzará, simplemente porque no tiene alternativa.

La lógica es sencilla y ha sido probada por caudillos de todo el mundo: el único antídoto eficaz contra los juicios políticos y los procesos judiciales es perpetuarse en el gobierno. Sólo desde el poder pueden los gobernantes seguir espiando, encubriendo, negociando, difamando, infiltrando. Sólo estando en el poder se puede amnistiar a los cómplices, eximir de impuestos a los patrocinadores o nombrar amigos en las cortes y organismos de control.

Es la lógica de Chávez en Venezuela, de Mugabe en Zimbabue, de Putin en Rusia (que la perfeccionó porque logró que funcionara por ventrilocuismo, a través de su títere en el poder). Pero el mejor espejo para entender lo que estamos viviendo es el de Fujimori en Perú.

Varios han mencionado el parecido del fujimorismo con el uribismo: la omnipresencia mediática del líder, su desdén por las instituciones, su popularidad basada en los aciertos militares contra guerrillas terroristas, su apelación directa al pueblo, su círculo de rasputines.

Creo que llegó la hora de llevar el paralelo a sus últimas consecuencias y declarar la peruanización de la política colombiana. Basta ver lo que pasaba en la época de la segunda reelección de Fujimori, en el año 2000. El Chino, que ya se había echado al bolsillo a las cortes y el resto del Estado, gritaba que las acusaciones en su contra por corrupción y violación de derechos humanos eran un montaje de la oposición y las ONG. Montesinos filmaba sus videos mientras convencía a congresistas de otros partidos a pasarse al fujimorismo, con el argumento contundente de fajos de billetes de cien dólares. Y la opinión estaba tan polarizada, que los agarrones en las entrevistas políticas de Jaime Bayly parecían sacados del programa de la Señorita Laura.

El paralelo es claro. Con una diferencia: parece que nuestros espías no tienen gusto por el video, sino que prefieren las chuzadas en audio.

Invito a los analistas que critican la segunda reelección (especialmente a los que apoyaron la primera o callaron convenientemente) a que, en lugar de pensar con el deseo, miren a los ojos la fría lógica de lo que probablemente va a pasar, que no es otra que la del caso peruano.

Veamos dónde nos lleva el paralelo. Hoy sabemos que Fujimori tenía que lanzarse a una segunda reelección para tratar de ocultar los Vladivideos y las pruebas que se multiplicaban contra él, Montesinos y su gobierno. También sabemos que ni siquiera la reelección pudo evitar el escándalo y la caída en desgracia del fujimorismo. Sabemos, finalmente, que la justicia global cojea pero llega, como lo muestran la extradición y la reciente condena ejemplar contra Fujimori por los delitos cometidos por su régimen.

Ojalá me equivoque. Pero la lógica caudillista indica que Uribe se lanzará de nuevo y que un tercer período sería mucho más riesgoso, tanto para el uribismo como para la democracia colombiana. También sugiere que, si eso sucede, el único que en el futuro podría heredar el capital político del uribismo es un Uribe. Hoy el fujimorismo renace bajo el liderazgo de Keiko Fujimori, que puntea las encuestas para las elecciones de 2011 y promete amnistiar a su padre al día siguiente de su posesión como presidenta. Confiemos en que Tomás y Jerónimo, que ya hacen sus pinitos, resistan la tentación.

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