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¿Usted quién se cree?

Mauricio García Villegas
mayo 18, 2012

Publicado en: El Espectador

En la madrugada del domingo pasado, en las calles de Barranquilla, la policía detuvo el senador Eduardo Merlano.

 

El hecho fue filmado y en el video se observa cómo el senador se niega a practicarse una prueba de alcoholemia que la policía le exige. “¿Cómo me van a tratar ustedes así?”, les dice Merlano a los policías. “Yo soy senador de la República y saqué 50 mil votos; 50 mil personas votaron por mí ¿y ustedes me van a faltar al respeto? Por Dios, ¿eso qué es?”. Y para rematar, Merlano finaliza con esta perla: “es que ustedes no conocen realmente lo que es el sector público”. Arrinconados, los policías terminan implorándole que se haga la prueba: “colabórenos, senador”, le dice un agente. Pero éste no hace caso y, como dice el cuento, orondo se va.

Escenas como esta, en donde un poderoso se burla de la policía, se han vuelto familiares para los colombianos. En realidad, siempre lo han sido, desde los tiempos inmemoriales de la colonia. La única diferencia es que ahora muchos de esos hechos se filman. ¿Recuerdan al concejal de Bogotá Álvaro Caicedo cuando invadió el carril de Transmilenio con el argumento de que estaba de afán y tenía gripa?, ¿o al célebre “padre Chucho”, que hizo todo lo posible por evadir una requisa policial con el argumento de que tenía que imponerle los santos óleos a un enfermo?

Dos siglos de independencia republicana (y de cháchara sobre la igualdad de los ciudadanos ante la ley) no han sido suficientes para acabar con una sociedad colonial y jerarquizada, en donde las personas valen por la posición social que ocupan, no por ser personas. No es que los poderosos (o buena parte de ellos) nieguen la existencia de las leyes. No, las leyes existen, sólo que ellos creen estar por fuera de su radio de aplicación, es decir, creen que tienen un fuero, un privilegio, tal como sucedía en la sociedad colonial. El ideal de un congresista como el señor Merlano es tener un fuero total, es decir, una ley personal (con copia en el bolsillo) que diga lo siguiente: el senador fulano de tal está autorizado para hacer lo que se le dé la real gana. No sé si no lo hacen por pudor o porque simplemente no necesitan de esa ley, dado que, de hecho, ya la aplican.

En Colombia no sólo la igualdad está mal repartida; también lo está la libertad. Aquí, mientras más poderoso es alguien, más fueros tiene, es decir, más autorizaciones para no obedecer. A medida que se desciende en la escala social, en cambio, la gente va perdiendo privilegios y ganando obligaciones. Como en la colonia, la obediencia a la ley es inversamente proporcional a la jerarquía social. En este país la gente quiere ascender socialmente, no tanto para obtener dinero y confort, sino para que nadie lo mande y poder mandar.

Hay dos tipos de sociedades, decía el antropólogo Roberto Da Matta: aquella en donde predomina la expresión ¿Sabe usted quién soy yo?, y aquella en donde reina la frase ¿Usted quién se cree? La primera es la nuestra; una sociedad en donde lo que vale es el estatus social. La segunda es una sociedad igualitaria, en dónde todos se someten a la ley; quien intenta salirse de esa regla lo interpelan con un ¿y usted quién se cree?

Cuando Merlano se niega a obedecer a los policías (sí, a los policías), a éstos no se les ocurre reaccionar diciendo ¿y usted quién se cree?; al contrario, dicen por favor, senador, colabórenos. Y me temo que, ante el evidente desacato a la autoridad protagonizado por Merlano, las demás autoridades (empezando por la Procuraduría) harán lo mismo.

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Condeno el atentado contra el exministro Fernando Londoño con la misma fuerza que lo haría si fuera mi copartidario.

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