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Voto en blanco: ¿un autogol?

Rodrigo Uprimny Yepes
marzo 9, 2014

Publicado en: El Espectador

El voto en blanco parece un golazo al clientelismo.

 

Pero en realidad, al menos en las elecciones de este domingo para Congreso, es un autogol del voto de opinión, pues favorece a las maquinarias clientelistas.

Procedo a explicarlo: si el voto en blanco gana, la elección al Congreso debe repetirse por una sola vez, pero, fuera de las minorías, pueden participar las mismas listas. Y con los mismos candidatos, pues el artículo 258 de la Constitución señala inequívocamente que sólo quedan excluidas de la segunda votación las listas que no hayan alcanzado el umbral, esto es, las minorías.

Las grandes maquinarias clientelistas y sus candidatos no sufren entonces ni un rasguño si el voto en blanco gana. En cambio pierden aquellos grupos minoritarios que no logren pasar el umbral, pues contaban con apoyos de opinión que no llegaron, pues sus simpatizantes votaron en blanco.

Si el voto en blanco no gana, pero es significativo, pues obtiene supongamos 15% de los sufragios, no recibe, sin embargo, ninguna curul. Los 102 puestos del Senado y los 166 de la Cámara se mantienen y son distribuidos entre las otras listas, en proporción a su votación. Pero como los votos en blanco son de opinión, las maquinarias clientelistas terminan premiadas, pues obtienen 15% de curules, que hubieran quedado en candidatos de opinión, si esos ciudadanos no hubieran votado en blanco sino por esos candidatos.

En las elecciones presidenciales la cosa puede ser distinta, pero en estas elecciones de Congreso el asunto es claro: la regulación existente es perversa, pues hace que el voto en blanco premie inevitablemente a las aceitadas maquinarias clientelistas.

A pesar de lo anterior, la tentación de votar en blanco puede subsistir, pues muchos quieren usarlo para expresar su repudio a la degradada forma de hacer política en Colombia. Esta indignación está más que justificada y por eso el voto en blanco tiene nobleza. (Por algo Saramago le dedicó su novela Ensayo sobre la lucidez). Pero nuestra indignación debe ser lúcida; no podemos premiar ingenuamente al clientelismo, sobre todo si tenemos en cuenta que este Congreso tendrá grandes responsabilidades, como implementar un eventual acuerdo de paz y elegir 7 magistrados de la Corte Constitucional.

Existe además otra forma de expresar nuestra indignación y es votar por candidatos respetables. Y eso es posible, pues en casi todos los partidos hay algunas personas, valientes y admirables, que se están jugando su vida y su prestigio por renovar la política colombiana. Y como casi todas las listas son abiertas, podemos directamente votar por aquel candidato decente, que sea próximo a nuestras preferencias ideológicas.

Si usted está interesado en que la política colombiana se renueve y democratice, exprese su indignación votando en blanco sólo si no ve ningún candidato respetable. Pero si encuentra que hay candidatos decentes que le son próximos ideológicamente, ¿no cree que es más inteligente expresar su indignación votando por esas personas?

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