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¿Y su congresista también quedó mal?

Paula Rangel Garzón
junio 29, 2012

En este río revuelto en el que se ha convertido la reforma a la justicia, viene bien un ejercicio de memoria para preguntarnos si volveríamos a elegir a los congresistas que elegimos

 

Después de que la ciudadanía alertó la creación del monstruo de reforma a la justicia, todos evaden su responsabilidad. El Gobierno olvida que propuso y defendió el proyecto de principio a fin. Las Cortes guardan silencio. Y los Congresistas, no dejan de lavarse las manos. En relación con la respons
abilidad del Congreso, esta penosa situación debe llevarnos a reflexionar sobre los congresistas que elegimos. Primero, aprobaron la reforma a la justicia con una mayoría contundente, luego, la misma mayoría decide archivarla. Puede que como dice Santos, no cambiar de opinión sea de los imbéciles, pero… ¡¿Se puede cambiar tanto?!

Apenas el Presidente retiró su apoyo al proyecto y la ciudadanía reaccionó, la actitud de los congresistas cambió e incluso llamaron “adefesio” a lo que días atrás aprobaron. No escatimaron esfuerzos buscando salidas jurídicas para cerrar el capítulo tormentoso de desprestigio. Se reacomodaron a lo que decía la opinión para no seguir quedando como un zapato. Pero, más allá de las triquiñuelas de los políticos para quedar bien, el show en el que se ha convertido la reforma a la justicia debe servir para hacer un ejercicio ciudadano y reflexionar sobre las actuaciones de nuestros representantes y sus partidos.

Basta con verificar la votación que obtuvo la reforma para reconocer quiénes fueron sus verdaderos amigos y enemigos. El texto final fue aprobado por una mayoría con 60 votos en Senado y 115 en Cámara. Solo tuvo en contra 16 votos en Senado y 10 en Cámara. La Unidad Nacional arrasó. Todos los congresistas del Partido Conservador y el PIN votaron a favor de la reforma. No hubo uno solo que se opusiera. Otros partidos se fraccionaron, pero votaron mayoritariamente apoyando la reforma. Por ejemplo, del Partido Liberal sólo tres se opusieron, frente a 39 congresistas que la apoyaron. Igual sucedió con la U, sólo cuatro se decidieron por el no, frente a 46 que le dieron el sí. En Cambio Radical, sólo se opuso uno frente a 19 que apoyaron.

En contraste, hay que resaltar a quienes votaron en contra del proyecto: los verdaderos opositores de la reforma que no han sido suficientemente reconocidos y que sí se opusieron cuando debían. Algunos de ellos actuaron como bancada. Por ejemplo, todos los congresistas del Polo Democrático le dieron el no al proyecto y lo mismo hicieron los cuatro congresistas del Mira. También se opusieron cuatro de los cinco congresistas del Partido Verde.

Hoy nadie defiende la reforma. Se archivó por unanimidad. En senado obtuvo 73 votos a favor y en Cámara alcanzó 117 votos. No hubo votos en contra.

En este momento en el que el rechazo a la reforma se ha puesto de moda, viene bien un ejercicio de memoria para advertir que no todos los que hoy se indignan, se indignaron cuando debían. Aunque algunos congresistas pudieron hacer uso de su cargo para frenar la vigencia del texto maldito, habría sido mejor que nunca lo hubiesen aprobado. No debe bastar con la condena general al Congreso, debe haber responsabilidades políticas partidistas e individuales sobre los elegidos porque corremos el riesgo de que se nos olvide y los volvamos a elegir.

Necesitamos un Congreso y unos representantes, pero que sean decentes. El Congreso ha demostrado lo mucho que puede, así que es importante aprovechar el momento para reflexionar. ¿Cómo votó el congresista que usted eligió? ¿Volvería a elegirlo aunque haya reversado la reforma? Y si su congresista no fue elegido, ¿Cómo voto su partido?

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